Este post es reciclado, de mi anterior blog «Cuando el embarazo no llega». Lo he modificado un poquito, sobre todo porque hacía referencia en tiempo presente y ahora sería pasado. Pero las variaciones son mínimas. Lo que he dejado intacto son los comentarios que tuve en su momento. Me ha gustado leerlos y recordarlos con cariño.
 
La primera vez que leí esta expresión me hizo mucha gracia. Hasta entonces sólo la había escuchado haciendo referencia a la homosexualidad. Nunca había pensado así con respecto a la infertilidad, pero me di cuenta que era una expresión que encajaba perfectamente con la realidad que muchas personas viven. La mayoría de personas no hablan de infertilidad, la mayoría de blogs personales que hablan sobre el tema son anónimos. Y es algo que en parte entiendo, porque la infertilidad es aún un tema tabú. 
 
Plantearse ser padres se considera una decisión íntima y en general se suele mantener en secreto. Cuando pasa el tiempo y todo el mundo te pregunta si es que no vais a traer descendencia pones mil excusas, pero jamás se te ocurre decir que llevas un montón de tiempo probando y que el embarazo no llega. Es como estar encerrada en un armario. Sí. Te sientes como si tuvieras que esconderte, como si tuvieras culpa de algo. Y te mantienes encerrada, sin decir ni mu. Sólo excusas y más excusas: cuando tengamos más estabilidad… aún hay tiempo… aún no nos lo hemos planteado… cuando lleve más tiempo en el trabajo… enseguida… 
 
Yo estuve mucho tiempo así, pero una vez con el diagnóstico en la mano me lo planteé y empecé a hacerme preguntas: ¿Por qué me voy a seguir escondiendo? No me apetece andar mintiendo o sintiéndome incómoda cuando me preguntan. ¿De qué me tengo que esconder? ¿De qué tengo miedo? ¡Pues ni que hubiera hecho algo malo! ¿Para evitar que la gente hable? ¡Van a hablar de todas maneras!. ¿Qué beneficios obtengo al callar? no tener que dar explicaciones, supongo. ¿Qué perjuicios obtengo al callar? Sentirme insegura, estar «esperando nerviosa» la dichosa pregunta cada vez que estoy en una reunión social y pensar en qué voy a responder esta vez. Y lo más importante: al esconderlo contribuyo a no visibilizar la infertilidad, a no darle nombre, a que parezca que no es normal y frecuente (te recuerdo que la infertilidad es más frecuente de lo que imaginamos).
 
Y pensando en todo esto decidí que lo contaba. Que no me importaba explicar lo que nos pasaba a mi familia y amigos y a cada una de las personas a las que pueda ayudar con ello. Ah! y a todas aquellas personas que me hacían la «preguntita»

¿Qué beneficios obtuve de hablar abiertamente de infertilidad?

Me di cuenta de que hay muchas más personas de las que pensaba que son sensibles con el tema y me sentí apoyada y comprendida. A otras como que notaba que le generaba más morbo que otra cosa. Pero me dio igual. Esas personas hablaban seguro sin saberlo (que si lleva tantos años casada y no tiene hijos, que si se le va a pasar el arroz, que si…)  pues ahora al menos tenían evidencia. 
 
Lo bueno: el número de preguntas incómodas descendió notablemente. Ya no nos preguntaban ¿ y vosotros para cuando? (¡mierda asco de pregunta!). Sólo aquellas personas que no tenían ni idea de lo que nos pasaba se atrevían a preguntar. Y yo ya me lo tomaba a risa porque les soltaba: «Llevamos años buscando y no llegan». ¡Dios! menudas caras ponían de TIERRA TRÁGAME! Pero oiga, ahí te lo gestiones, que hay que aprender a ser un poquito más prudente. 
 
Me permitió conocer muchas historias similares a mi alrededor. Un montón. Cuando lo contaba todos me hablaban de personas que conocen (y a menudo conozco yo también) que han tenido problemas a la hora de concebir y eso me ayudó a no verme bicho raro y ver que la infertilidad está a la orden del día. Como se suele decir: le pegas una patada a una piedra y salen un montón de personas con infertilidad. 
 
Conocí personalmente a mujeres maravillosas y con las que aún comparto conversaciones y buenos deseos.  La infertilidad une. Es una de las ventajas. 
 
Me sentía muy bien porque estaba ayudando a visibilizar la infertilidad, a normalizarla y con eso ayudo a otras personas a sentirse menos bichos raros y a disminuir su malestar.
si
 

¿Cómo lo contaba?

Con naturalidad. Como si estuviera contando cualquier otra cosa. Lo contaba con decisión, sin titubear. Cuando se decide compartirlo abiertamente hay que hacerlo así, no está permitido hablar con la mirada baja. Y no es que haya que fingir. El momento de contarlo es cuando tú lo sientas así. Yo lo sentía natural, y así lo expresaba. ¿Sabes cuál es la razón de esto? Las personas se toman las cosas de la forma que las contamos porque el lenguaje no verbal pesa más que el verbal. De tal forma que si yo transmito mi historia con indecisión, con actitud de vergüenza, el mensaje que el otro capta es precisamente ese: que es para avergonzarse, transmitimos pena (y lo último que queremos es dar pena, of course).

Si lo transmito con decisión y naturalidad la persona que percibe el mensaje lo va a interpretar como algo normal, sin preocupación, sin pena y es más, le transmitiremos la idea de que la infertilidad es un proceso más, como cualquier otro.

Y tú, ¿Has salido ya?

Si has salido ¡ENHORABUENA! Te has liberado. Si no, no pasa nada. Tómate tu tiempo o no salgas nunca, como prefieras. No se puede salir sin estar totalmente segura, sin sentirte fuerte. Si dudas, mejor no lo hagas. Y si finalmente no lo haces, tampoco pasa nada. No es obligatorio. No estás haciendo nada malo, sólo protegerte. Estarás tomando la decisión adecuada para ti, basándote en tus circunstancias. Y estará bien así. 
 
Cuéntame en cometarios ¿lo cuentas? ¿no? ¿Cuáles son tus motivos para contarlo? ¿y para no contarlo? Me encantará leerte y contestarte. 
 

Te abrazo fuerte 💚

María Jo sé Barquero